miércoles, junio 01, 2022

El Estado español contra el porno

 


Lean y alucinen: "La propuesta, sin embargo tal y como está redactada podría afectar a cualquier tipo de producción de películas pornográficas en nuestro país, e incluso a la producción editorial que contenga contenido sexual explícito. El Partido Popular se ha apresurado a garantizar el apoyo a esta proposición normativa."

Y de un plumazo volvemos a los años 70. A cuando no existía la libertad de prensa en España. A cuando, quien podía, cruzaba la frontera para verle el culo a Marlon Brando en Perpiñán y a cuando la única manera de conseguir una película porno era de manera ilegal.

¿Hasta qué punto podría suponer esto un retroceso para la libertad de expresión en España? ¿Hasta qué punto afectaría a los libros, cómics etc.? ¿Quién decide lo que es pornografía? ¿cuando se trata de una ficción con sexo consentido? ¿o cuando se trata de una ficción en la que no hay sexo consentido? ¿cuando sale un pezón en pantalla? ¿una polla? ¿un coño? ¿el Kamasutra? ¿50 sombras de Grey? ¿las pelis de Bigas Luna?

A esto nos lleva la poscensura. Tan acostumbrados estamos en las redes sociales de decirles a los otros lo que no queremos que publiquen que el gobierno ha tomado muy buena nota de ello.

Como mucho, entiendo, se podrá restringir (o incluso eliminar completamente) la producción de material pornográfico en España. Pero ¿qué van a hacer? ¿cerrar internet para que la gente no pueda ver PornHub?

Bienvenidos a la nueva mojigatería, a la reserva espiritual de occidente, a la nueva inquisición. No se pierdan la reposición de la "historia de la Frivolidad" de Chicho Ibáñez Serrador. De máxima actualidad.

Carmen Calvo y su equipo listas para acabar con el pecado en el mundo.


La noticia completa AQUÍ

miércoles, marzo 02, 2022

Un llamamiento a mis compañeros de profesión.

 


Escribo estas líneas preocupado por la deriva de los acontecimientos y en base a opiniones y movimientos que vengo observando en algunos de mis compañeros.

Y lo hago para apelar, primero, a la sensatez (o al menos a lo que yo considero sensato), y segundo, si eso falla, a la solidaridad.

La historia es la siguiente:

El 11 de enero de 2007 fui invitado, en calidad de representante de AACE (Asociación de Autores de Cómic de España) por Xose Areses, el entonces Subdirector Adjunto de la Subdirección General de Promoción del Libro, de la Lectura y de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura a reunirme en la sede de la Subdirección General de Promoción del Libro, sita en la calle Santiago Rusiñol nº 8 de Madrid, para formar parte de un grupo de trabajo creado previamente para sentar las bases del Premio Nacional de Cómic.(*)

Uno de los objetivos de dicho premio ( o eso creí entender yo) era la de fomentar la creación y edición de obras en España, no la de fomentar que los autores españoles se busquen la vida fuera del país y el que los editores adquieran luego esas obras publicada por editoriales extranjeras dibujada por autores españoles (que es lo que pasa actualmente).

Lógicamente si se premian obras realizadas por autores españoles pero que han sido producidas en Francia, Japón o Estados Unidos lo que se está fomentando desde el Estado es todo lo contrario. Se está animando a las editoriales que sigan haciendo lo que hacen ahora, es decir, comprar el 90% de lo que se publica en España fuera.

Y por eso la resolución segunda de dicho premio especifica lo siguiente:

(Resolución Segunda) Al Premio Nacional de Cómic optarán las obras escritas en cualquier lengua española por autores españoles y editadas en España en su primera edición, entre el 1 de enero y el 31 de diciembre.

(BOE del 20 de junio de 2007)


Que un autor español, que ya opta a los Premios Nacionales de los países extranjeros en los que se publican originariamente (como lo fue el caso de Blacksad que recibió, entre otros, el premio a mejor serie en Angouleme en 2006) opte a un Premio Nacional con esa misma obra es un agravio comparativo hacia los autores que sí publican en España (y también hacia los editores que arriesgan y publican esas obras frente a los que no arriesgan y van a lo seguro comprando fuera obras que ya han tenido éxito) y resulta injusto porque esas obras no han sido creadas en igualdad de condiciones.

El autor que trabaja para un editor español ha generado (en la mayoría de las ocasiones) su obra en precario, mientras que el que la hace para un editor francés ha cobrado bastante mejor y ha tenido mucho más tiempo para dedicarle a su obra, por tanto seguramente será de mejor calidad y, de paso, tendrá una mejor promoción.

Un par de ejemplos de contratos y adelantos que conozco de primera mano, ya que se trata de contratos que tengo delante de mi ahora mismo y de obras publicadas y cobradas en su momento por quien les habla:

        -EDITORIAL ESPAÑOLA- Novela gráfica de 222 páginas. Tirada de 2.500 ejemplares. Adelanto para los autores (dibujo/guión) de 3.800€

(Sale a 17 € la página)

        -EDITORIAL FRANCESA- álbum de 46 páginas. Tirada de 10.000 ejemplares. Adelanto para los autores (dibujo/guión) 17.250 € (otros 4.230 para el colorista)

(Sale a 375 € la página)

En ambos países los autores reciben un 10% del PVP de la obra, pero como todo depende de la tirada, al tener en Francia tiradas más grandes el autor recibe mucho más dinero por hacer el mismo trabajo.

Ustedes me dirán, pero a mi me parece injusto que un autor que ha tenido el privilegio de cobrar 375€ por página opte al mismo premio que otro que ha cobrado menos de 17€ por página. Sobre todo teniendo en cuenta que el primero ya opta a un premio similar en otro país y el segundo no.

Por cierto, que si nos fijamos en el Premio Nacional de literatura pasa exactamente lo mismo.

En sus bases se especifica que:

El Premio Nacional de Literatura en la modalidad de narrativa del año (el que toque) distingue una obra escrita en este género literario por un autor o autora española, escrita en cualquiera de las lenguas del Estado, publicada en España en su primera edición, entre el 1 de enero y el 31 de diciembre.

Sería absurdo que un escritor español que publica una novela en México y opta al Premio Nacional de Artes y Literatura que otorga aquel país pretendiera optar luego también al Premio Nacional español de Literatura con esa misma novela.

Siguiendo con México, voy a poner otro ejemplo muy sencillo: “La forma del agua”, del director mexicano Guillermo del Toro, optó en 2018 a los Premios Óscar de Hollywood (en varias categorías, incluyendo la de mejor película)

Fue galardonado con dos premios Óscar, al Mejor director, y a la Mejor película.

Optó a ese premio por ser “La forma del agua” una producción americana (Bull Productions, Fox Searchlight)

Si la obra hubiera sido de producción mexicana sólo habría podido optar al premio a mejor film de habla no inglesa.

Se da la circunstancia de que ese mismo director en 1993 ganó el Premio Ariel (un premio otorgado anualmente por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas) a Mejor Película con “Cronos”.

Evidentemente optó a ese premio por ser “Cronos” una producción mexicana (Prime Films, Iguana Producciones)

No tendría mucho sentido que Guillermo del Toro pretendiera conseguir otro Premio Ariel con “La forma del agua” ¿verdad?

Otra cosa sería que desde su país se diera un reconocimiento como director por su trayectoria artística, nada que objetar, pero si lo que se premia no es una persona sino una obra, como sucede en el Premio Nacional de cómic o en el Premio Nacional de Literatura, sería tan absurdo que se premiara a “La forma del agua” en México como que se le de el premio nacional español a cualquier cómic producido en Francia, USA, Japón o cualquier país extranjero, independientemente de cuál fuera la nacionalidad del autor, donde viva, o dónde pague sus impuestos.

Esto, por desgracia, ya ha pasado al menos dos ocasiones que yo recuerde. Una fue a Paco Roca con “Arrugas” (Delcourt) y otra a Guarnido y Díaz Canales con uno de los álbumes de la serie “Blacksad” (Dargaud) (aunque no tendría por qué volver a pasar, a partir de ahora podemos hacer las cosas bien) y se hizo porque se saltaron a la torera las bases de Premio Nacional, causando malestar (y con razón) entre algunos profesionales españoles que optaban a esos premios.

Lo que me preocupa (y ahora viene el llamamiento a mis compañeros y compañeras) es que varios autores españoles pretenden hacer llegar (a través de alguna de las asociaciones de autores que existen actualmente) una petición al Ministerio de Cultura para que cambie las bases del premio y convierta lo que hasta ahora ha sido una excepción en una norma.

Es decir, que los autores que han publicado sus obras en primera edición en Francia puedan optar al Premio Nacional de Cómic (dotado, no lo olvidemos, con una cuantía de 15.000 euros) en igualdad de derechos a los autores que sí trabajan para la industria (si es que eso existe) nacional.

¿Por qué me preocupa esto hasta el punto de tenerme desvelado varias noches desde que me enteré de estos movimientos? ¿por qué escribo sobre algo que todavía no ha sucedido?

Y se que tiro piedras sobre mi propio tejado. Respeto y valoro enormemente el trabajo de estos compañeros, me voy a encontrar con algunos de ellos el próximo fin de semana en el Salón del cómic de Valencia (incluso firmo mis obras en algunos stands en los que ellos también estarán) y ahora mismo me siento como si estuviera dibujando una diana en mi espalda y repartiendo escopetas.

Miren, por si se lo están preguntando, yo no creo que nunca jamás de los jamases tenga yo la más mínima posibilidad de optar al Premio Nacional con el tipo de cómics que hago, ni de los que hago para el mercado francés (actualmente en proceso) ni de los que hago para el mercado español con mi propia editorial autogestionada (también actualmente en proceso). No es que quiera “quitarme competencia”.

Para mi el mayor de los premios, se que no me van a creer, es tener lectores.

Y no, no ha sucedido todavía, de hecho espero que esa petición no llegue a realizarse nunca y que, en caso de que se realice, el Ministerio de Cultura haga oídos sordos. Pero la cuestión es que ya se ha creado un grupo que ha decidido redactarla, ya se ha votado y ya se han elegido representantes que traten de hacerla llegar a quien corresponda.

En primer lugar creo que las bases están bien como están, cumplen con los objetivos que nos marcamos cuando ayudamos a su redacción y creo que lo sensato es dejarlas así. (sobre todo teniendo en cuenta que sus condiciones son las mismas para el Premio Nacional de Literatura y, seguramente, para el resto de Premios Nacionales como el de poesía, teatro, etc... ¿por qué tendría que tener el Premio Nacional de Cómic una consideración especial?)

Gracias a él autores como Ana Penyas, Magius, o Rayco Pulido han obtenido visibilidad y relevancia para sus obras, y además han recibido un empujón económico que, sólo con las ventas del cómic y el apoyo de sus editores españoles, no habrían tenido.



En segundo lugar creo que es de justicia ser solidario con quienes están en peor situación que tú.

Está claro que a todos nos vienen bien 15000 euros pero no creo que merezca la pena crear división entre compañeros sólo por la pasta. Porque me extrañaría que a quienes publican aquí trabajando en precario les pareciera bien, y esto puede crear un cisma difícil de superar en esta maravillosa profesión.


De modo que...

Compañero, compañera:

Si trabajas para el mercado de cómic extranjero, tus obras se publican allí antes que aquí y piensas solicitar que tu trabajo opte también al Premio Nacional, te lo pido por favor...

No lo hagas.


Y, bueno, ya lo he soltado. Espero poder dormir esta noche.


(*)

En la reunión nos encontrábamos las siguientes personas:

Por el Ministerio de Cultura (Sub. Gral. Promoción del Libro la Lectura y las Letras Españolas):

Mónica Fernández Muñoz (Subdirectora General)

Xosé Areses Vidal (Subdirector Adjunto)

Társila Peñarrubia Merino (Jefa Servicio de Promoción de las Letras Españolas)

Orlando Carmona Cormano (Tit. Sup. Admón.)

Y el resto:

Nacho Casanova (FADIP), Horacio Altuna (APIC), Carles Santamaría (FICÓMIC), Emilio Gonzalo (EXPOCÓMIC) Joan Miquel Morey que iba en calidad de representante de la Asociación de Amigos y Víctimas del Cómic y, según parece, de un Gremio de Librerías Especializadas en Cómic, Fernando Tarancón que iba en calidad de editor de Astiberri y representante de Librerías Especializadas, Álvaro Pons que iba en calidad de miembro de la Asociación de Críticos y Teóricos de la Historieta en España, Alejandro Casasola quien iba como representante del “Grupo Andaluz” y yo como representante de AACE.