Mi hobby es hacer pan.
Tengo un trabajo que paga las facturas y me deja algo de tiempo libre. Además, se da la ciscunstancia de que dispongo de un pequeño horno de piedra y, a fin de cuentas, comprar algo de harina y sal no sale demasiado caro. El agua la cojo del grifo y tengo un montón de muebles viejos que utilizo como leña.
Es un pequeño capricho que me puedo permitir. Después de todo no hago daño a nadie, ¿verdad?. Siempre he querido ser panadero pero las circunstancias de la vida han hecho que me dedique a otros trabajos, mucho mejor remunerados.
A mi vecina le encanta los panecillos que hago. Por no hablar de mi familia. Mi madre dice que hago un pan estupendo y, dicho sea de paso, que soy el aficionado a la panadería más guapo que ha existido nunca. Es mi madre, ¿qué va a decir?
Panecillos, barras de cuarta, panes de pueblo, bollos de mosto... hay que ver la cantidad de cosas que va uno produciendo cuando le dedica horas y horas a su hobby.
Hago tanto pan que no se qué hacer con él.
¿Por qué no sacarle algún rendimiento económico? No quiero dejar mi trabajo. Está bien remunerado y me deja tiempo libre (¡tanto que puedo ponerme a hacer pan siempre que quiera!) pero creo que la satisfacción que me produce ver disfrutar a la familia con mi pan sería aún mayor si, además de ellos, lo disfrutaran también personas ajenas a mi entorno más cercano y, además, pagaran por ello.
¡Ya se que haré! Me iré a la puerta de una panadería y venderé mi pan a un precio mucho más barato que el de los panaderos profesionales. A diez céntimos.
Es poco dinero pero, después de todo, yo no vivo de esto.
Está claro que todo esto es mentira.
Este tremendo disparate es el reflejo de la situación actual del mercado de la historieta en España. Esta situación es, en gran parte, la culpable de que, la gente como yo, que realmente vive de escribir y dibujar tebeos, tengamos que aprender idiomas y trabajar para editoriales extranjeras.
Evidentemente yo no soy quien para frenar la creatividad de la gente. Hay quien dedica su tiempo libre a hacer tebeos y eso es algo que me parece estupendo.
Genial, ¡en serio!. Algunos son incluso muy buenos.
¿Quién sabe la cantidad de genios de la historieta que hay por ahí ocultos? Cuanto antes den su obra a conocer, mejor para todos.
El problema no es ese. El problema viene cuando van a las editoriales españolas y se prestan a trabajar gratis o por muy poco dinero.
Después de todo, ellos no viven de esto.
Y como su ego está satisfecho y se ha creado, incluso, un pequeño, pero animoso, grupete de icondicionales en la blogosfera que le pide más y más, repiten. Y luego, otra vez, y luego otra...
Si realmente es un hobby que regalen su trabajo. Que se lo regalen a su vecina, o a su puta madre, que seguro que piensa, además, que es el aficionado a los tebeos más guapo que ha existido núnca (es su madre, ¿qué va a decir?)
Que abran una página web, o un blog. ¿Han oido hablar de
http://www.lulu.com/? Es magnífico. Les mandas tu tebeo en un pdf y ellos lo ponen a disposición del público en su web. Cuando alguien paga ese por tebeo (a un precio que previamente has fijado) ellos imprimen un ejemplar y se lo envían por correo. No tienes que hablar con editores ni con imprentas ni con distribuidoras. Y lo que es aún mejor, no contribuyes a perpetuar un modelo de mercado que devalua continuamente el trabajo de los profesionales.
Hay muchas opciones hoy día para regalar tu trabajo al mundo entero.
Como digo, el problema no es que dibujen en su tiempo libre, o que escriban guiones. Por mi pueden dibujar lo que les de la gana o conectarse las pelotas a una batería de coche, si eso les hace felices.
El problema es que trabajan gratis para unos editores que no querrán pagarme a mí por realizar un trabajo profesional, porque ya hay alguien que se lo hace gratis.
Uno trabaja gratis cuando está empezando en este negocio. Todos lo hemos hecho.Yo también. Pero la pregunta es ¿hasta cuando?
Un estudiante de administrativo hace las prácticas en una empresa y, quizá, no cobre un duro por ello, o cobre muy poco dinero. Es normal, está adquiriendo experiencia.
Pero, eso sí, el mismo estudiante, lo que pretende es vivir del trabajo para el que se ha estado preparando. Y, como tiene dignidad, no aceptará seguir trabajando gratis durante el resto de su vida.
A un funcionario con su nómina, su trabajo fijo, y sus vacaciones pagadas, que dedica su tiempo libre a escribir o dibujar historietas por cuatro duros se le llama “artista”.
Yo lo seguiré llamando “esquirol” (*)
(*): Debo aclarar que soy consciente de que un esquirol es un "rompehuelgas" y que no estoy usando su definición correctamente, pero, aun así no puedo evitar que sea esa la palabra que me viene a la cabeza cuando pienso en estos intrusos. ¿Qué le voy a hacer? Supongo que, inconscientemente, creo que la catadura moral de ambos es similar. (Actualizado el 18-5-09)