lunes, marzo 03, 2014

Puertas al monte

Warren Buffett: “Por Supuesto que Hay Lucha de Clases y los Ricos Estamos Ganando” 

Seré claro: el crowdfunding es lo mejor que le ha sucedido al mundo de la creación en general, y al de la autoedición en particular, en los últimos años. 

La lista de obras que fueron rechazadas originalmente por un editor y que posteriormente, gracias a la persistencia y, sobre todo a la autoedición, han acabado viendo la luz y se han convertido en éxitos de ventas es tan grande como sorprendente.
El fanzine autoeditado por
Esatman y Laird donde nacieron
las famosas tortugas.

Desde “Cuento de Navidad” de Charles Dickens   hasta las Tortugas Ninja de Eastman y Laird, pasando por “La Conjura de los Necios” (cuyo autor, John Kennedy Toole, se suicidó ante la desesperación de no encontrar editorial que quisiera publicar su obra, la cual ganó un premio Pulitzer a título póstumo) encontramos multitud de ejemplos de autores que tuvieron que rascarse el bolsillo porque nadie confió en que su trabajo podría resultar rentable.

Es precisamente esa búsqueda de rentabilidad del editor lo que hace que muchos creadores acaben condenando sus mejores obras al destierro del fondo de un cajón.
No se equivoquen, no estoy en contra de la rentabilidad económica. Pero no podemos permitir que ese sea el único objetivo de una obra creativa.

Siempre que hablo de este tema me acuerdo de una tira cómica de “Dilbert” de Scott Adams en la que crean un chicle con sabor a vómito. Cuando el protagonista pregunta quién demonios querría comprar algo así, el responsable de semejante aberración le responde: "Eh, vender el producto no es mi problema, de eso ya se encargarán los tíos de marketing" 
Esa debería ser la misión de un editor, promocionar, distribuir y conseguir que la obra se venda, no decirle a los autores cómo deben hacer su trabajo.
Sin embargo, por desgracia, muchos editores creen saber lo que buscan los lectores, creen saber lo que va a vender y lo que no. Lo que es "comercial".
Hay que darse cuenta de que "comercial" es un adjetivo que sólo puede ponerse a posteriori. Si una obra ha vendido muchas copias es comercial, si no, no. Es así de simple.
Otra cosa es que la obra tenga vocación comercial o se trate de una expresión artística que el autor ha realizado con el único fin de exteriorizar su complejo mundo interior.

Les diré un secreto: todos los que vivimos de esto albergamos la esperanza de que nuestro trabajo sea comercial. 
Hasta los artistas más puros necesitan pagar sus facturas y comprar comida para alimentar el complejo mundo interior de su flora intestinal. Pero no deberíamos tener que sacrificar nuestra propia libertad creativa para conseguirlo.
Más a menudo de lo que me gustaría sucede, sin embargo, que el editor decide que nuestra historia no conseguirá generar el mínimo interés necesario en los lectores como para compensar una inversión.
Días, y hasta meses enteros desperdiciados preparando un proyecto maravilloso que luego nadie quiere.

Es entonces cuando surge la autoedición. 
Dave Sim y la autoedición.

Pero la autoedición es muy arriesgada. Uno puede pasarse meses, o años, trabajando en una apuesta personal sin que nadie le pague un céntimo por hacerlo. Escribiendo y dibujando páginas y páginas, robándole horas al sueño, seguramente, en los ratos libres que le dejen la realización de otros trabajos "alimenticios". Para después, además, tener que gastarse su propio dinero en imprimirla y encontrarse entonces con que, efectivamente, a los lectores no les interesa; o no ha sido capaz de encontrar a esos potenciales lectores, a los que les interesaría la obra, si hubieran llegado a conocerla.
Y así ha malgastado el tiempo de su vida y el poco dinero del que disponía.

Es como para pegarse un tiro.

Sobre todo viendo la cantidad de basura que satura el mercado, la cantidad de chicles con sabor a vómito que consiguen beneficios gracias a los tíos de marketing con los que, generalmente, un autor en solitario no puede competir.
Les aseguro que por bueno que sea mi trabajo, una vez en la tienda de cómics, el expositor de Spiderman será más grande que el mío.

A pesar de todo, auténticos héroes como Dave Sim  o Jordi Bayarri, entre otros muchos, han elegido el camino de la autoedición para desarrollar sus carreras. Otros no nos hemos atrevido a dar el paso y nos hemos resignado a dejar nuestras propias creaciones en el fondo de ese terrible cajón antes mencionado, a la espera de tiempos mejores, mientras dedicamos la mayor parte de nuestra vida a dibujar las historias de otros.
No es que me queje, personalmente estoy muy contento con mi editor actual. Pero uno no tiene idea de cuánto tiempo de vida le queda y hay historias que sabe que merecerían la pena ser contadas antes de marcharse al otro barrio.

Y entonces, gracias a internet, nace el llamado micromecenazgo o crowdfunding. 

Si a estas alturas todavía no sabes lo que es un crowdfunding, mal vamos. No obstante, en este video o este otro puedes ver una explicación breve y concisa.
Resumiendo: el autor acude a una plataforma de crowdfunding (hay muchas, Lánzanos, Verkami y kickstarter son sólo algunas de las más conocidas) donde puede exponer su proyecto y explicar cuánto dinero necesita para llevarlo a cabo.
Esto no sólo incluye el coste de materiales de trabajo, maquetación, impresión y envío de los ejemplares a sus compradores, sino también, en muchos casos, el dinero que el autor necesitará para poder sobrevivir mientras realiza la obra.
En un breve periodo de tiempo, que suele ser de unos cuarenta días, el autor sabrá si ha conseguido generar el suficiente interés en los lectores y recaudar el dinero necesario para realizarla.
En ese caso se hará. Si no, no. Así de simple.

Sin riesgos (*) Sin tener que compaginar obra personal y trabajos de encargo. Dedicando todo su talento y toda su energía a la historia que de verdad le apetece realizar en ese momento.

Créanme, esa libertad creativa es la mejor garantía de que el autor hará un buen trabajo. De esta manera los autores trabajarán en la obra sin arriesgarse a hacer un proyecto que no saben si se va a vender, porque lo hacen cuando ya está vendido.
Pero ¿no sigue existiendo el problema de tener que competir, como un Quijote solitario, con los tipos del chicle de vómito y su implacable maquinaria promocional, con Spiderman y sus bonitos y descomunales expositores?
Pues sí y no. La ventaja del crowdfunding sobre la edición convencional es que el primero necesita menos lectores que el segundo para que la edición resulte rentable. Un editor convencional necesita un local, un mínimo de personal contratado, fijo o eventual, que incluirá al menos un maquetador, un corrector... Quizá hasta un director artístico, un departamento de contabilidad... y, por supuesto un almacén. Sin olvidarnos de los tipos del chicle, y el dinero que necesitará para imprimir y distribuir la obra.

Para poner en marcha un proyecto artístico que no sabemos si dará beneficios, lo mismo da que hablemos de un cómic, un libro, un disco o una película, hace falta una considerable inversión de capital porque hay mucha gente implicada en el proceso a la que dar de comer, y muchos intermediarios entre el creador y su público que quieren su pedazo del pastel.
El autor, sin embargo, sólo tiene que darse de comer a sí mismo, al de la imprenta y a los esforzados trabajadores de la oficina de correos. Y para eso necesita un número de lectores considerablemente menor del que necesita una gran editorial para funcionar.

Desde luego no todo son ventajas. El autor, ahora, no solo tendrá que escribir y dibujar su obra.
Al no tener un editor detrás que se encargue de estas cosas, tendrá que ser él quien busque una buena imprenta, maquete, corrija, meta en sobrecitos y envíe el producto terminado.
Por suerte, los programas de maquetación son cada día más sencillos -lo que nos permite tener un mayor control sobre el aspecto final de la obra- y las imprentas ofrecen precios cada vez más competitivos.

Naturalmente esto molesta a algunas editoriales, sobre todo a las grandes, acostumbradas a que los autores acudamos a ellas en tropel, firmando lo primero que nos pongan delante de las narices, cediendo a todas sus exigencias, y renunciando sistemáticamente a nuestra libertad creativa para adaptar nuestro estilo en cada momento a lo que ellos creen que será "comercial" o a lo que está de moda esta temporada.
Mientras no demostremos que somos unos superventas, ellos pueden permitirse el lujo de decirnos cómo hacer nuestro trabajo; aunque nosotros no podamos hacer lo propio con el suyo ¡Faltaría más!

No es raro encontrar voces, en estas editoriales, que tratan de hacer campaña y de desprestigiar la autoedición y a sus autores. Tratando de asociar este método a la baja calidad. Sí, claro, como si no estuviéramos hartos de pagar por libros o cómics mal escritos, plagados de erratas y cuyas páginas se desencuadernan con sólo leerlos un par de veces.
Les recomiendo que escuchen atentamente este audio donde la señorita Laura Falcó Lara, editora de Minotauro, Esencia, Timun Mas, Cúpula, Zenith, además de escritora a ratos perdidos y, casualmente, nieta del dueño de Planeta, carga sutilmente contra la autoedición.
No se dejen engañar por el hecho de que el título sea  "Pros y contras de la autoedición".
La “nietísima” carga las tintas sobre las contras, llegando a afirmar que "hasta los mejores escritores cometen errores" dando a entender que son sus correctores de estilo quienes hacen que los libros sean lo que son, ya saben, porque les dijeron cómo debían hacer su trabajo y porque creían saber lo que se va a vender y lo que no, ninguneando al propio escritor, y pasa por encima de los pros sin mencionar siquiera el más importante de todos: la libertad creativa.

Eso si, ya de paso aprovechan para hacer publicidad de "Espejismo" ("Wool") de Hugh Howey. Una "excepción", ya que "hay que tener en cuenta que muchas de las cosas que se cuelgan en internet no tienen ni la calidad ni el estilo ni nada necesario", que comenzó como una obra editada digitalmente por su autor y que, gracias a su éxito (cási un millón de ejemplares vendidos), ha conseguido  ser publicada en España por ¿lo adivinan? el grupo Planeta.

Esta señora, por cierto, también se atrevió en su momento a mentir descaradamente diciendo que el coste de una edición digital es el mismo que el de una edición impresa. Como si costara lo mismo imprimir, almacenar y distribuir miles de libros, que subir un archivo a una web.
Y lo dijo, claro, para justificar los precios que tratan de cobrarnos por este tipo de ediciones. Pero ese es otro tema.

El caso es que, si el crowdfunding se impone y los editores dejan de ser necesarios ¿de qué iban a vivir? Autores como John Locke han vendido más de un millón de ejemplares autoeditándose y vendiendo su libro en Amazon.
A estas “excepciones” siempre pueden ofrecerles un contrato para una edición en papel, pero ¿y si es un crowdfunding autoeditado en papel lo que tiene éxito?... eso les tiene aterrorizados.
No deberían estarlo. Personalmente creo que el crowdfunding y la autoedición pueden convivir perfectamente con la edición convencional. De esa manera el lector podrá elegir si le apetece leer la obra personal de un autor, o la obra que un editor ha decidido crear y para la cual ha contratado a uno o más autores. Lo primero no tiene por qué ser necesariamente mejor que lo segundo. Hay autores muy poco creativos, se lo aseguro, y también hay editores con muy buenas ideas. Aunque les cueste creerlo.

Sin embargo algunos editores están asustados. Quizá porque piensen que si el lector puede elegir entre una obra creada líbremente por un autor, y un chicle con sabor a vómito, se decante por la primera opción. Y no han dudado en recurrir a aquellos políticos a los que financian, junto con sus amigos los banqueros.

Ya saben, me estoy refiriendo a esos señores que dicen que trabajan para nosotros, los ciudadanos, pero que en realidad lo hacen, generalmente, para la élite adinerada que les paga las campañas electorales.
Y si menciono a la banca no lo hago en vano, ya que es otro sector al que parece estar afectando el crowdfunding. Y es que un informe emitido por el BBVA afirma que: “Existe el riesgo real de que los bancos dejen de ser la fuente de financiación principal para los préstamos personales y las pequeñas empresas.” Esto es así porque no sólo somos los creadores quienes acudimos a este tipo de financiación colectiva, tal y como afirman en este artículo  el crowdfunding también cubre las necesidades de las pequeñas empresas. Cada vez son más los emprendedores que están mostrando sus necesidades en las plataformas de crowdfunding, en lugar de pedir préstamos en bancos tradicionales. “Esto es lo que hago, lo que necesito, y lo que yo le ofrezco a cambio. ¿Te unes a mí?” A diferencia de los bancos, los creadores establecen una estrecha relación con los prestatarios locales y las personas que les apoyan. 

De modo que tenemos a los grandes editores y a los bancos muy nerviositos. Y la respuesta no se ha hecho esperar. No podía ser de otra manera, este Gobierno ya ha mostrado sobradamente que está en contra de todo lo que huela a autogestión (lo que hicieron con el tema de las placas solares es un claro ejemplo de ello)
Y es normal porque si demostramos que son innecesarios, ¿cómo van a seguir engañándonos para llevarnos a las urnas cada cuatro años? 

La regulación del crowdfunding ha llegado, señoras y señores. 

Habrá que vigilar de cerca la evolución de esta ley, de momento todavía en trámite, que amenaza lo que está siendo un maravilloso método para fomentar a los creadores.

Tal y como comentan en el blog de Lánzanos la información, por el momento, es bastante confusa. Pero nos trae algunos titulares: los proyectos no podrán pedir más de un millón de euros(**) cada 'mecenas' no podrá gastarse más de 3.000 euros en un solo proyecto, ni más de 6.000 en un año. Las plataformas tendrán que estar controladas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Ya saben, la CNMV, aquella que hizo la vista gorda al tema de las preferentes.

Quizá esté usted pensando que ahora mismo no tiene intención de invertir 6000 euros en un proyecto, pero hay mucha gente que sí está dispuesta a gastarse ese dinero y más, incluso, si la recompensa merece la pena. En el último crowdfunding de Juanjo Guarnido y el grupo de música Freak Kitchen  encontramos hasta dos recompensas de 10.000$. Recompensas que incluyen obra original de este magnífico autor. Y digo yo ¿por qué voy a poder gastarme un millón de euros en un garabato de ARCO y no voy a poder gastarme 10.000$ en una acuarela de Guarnido sabiendo que, además, contribuyo a la realización de una nueva creación artística.


Ilustración de Julien Rossire para el video de Freak Kitchen de 
Guarnido que busca financiación en kickstarter .
No veo por qué mi propio Gobierno me lo va a prohibir. No tiene sentido. 

Hasta donde yo sé, el dinero de los particulares es de su propiedad, y se lo gastan en lo que les da la gana.
Pero, además, tengamos en cuenta que en la mayoría de las ocasiones si un proyecto alcanza la casi totalidad de la financiación y sólo le falta un empujón (que puede ser de 6000 euros, por ejemplo) es el propio autor el que invierte esa cantidad. Es decir, si necesitas 25.000 euros y recaudas 19.000, no vas a dejar que el proyecto se quede sin realizar ¿verdad? Consigues la pasta que falta y la pones tú.

Con el límite que quieren imponer ahora, te jodes y te vas al banco a suplicar los 25.000 enteritos.

Lo que les conviene a los de arriba es que sigamos acudiendo a la banca privada a pedir créditos, no porque les resulte rentable, eso ya lo consiguen comprando deuda, sino más bien para que continuemos endeudándonos y nos tengan bien cogidos por las pelotas.

Hay muchas pequeñas empresas que han conseguido financiarse con crowdfunding (no hablo sólo de libros o cómics, sino de aplicaciones informáticas, proyectos solidarios, investigación y todo tipo de negocios) Lo del límite de 6000 euros al año por persona me parece hasta ilegal. Yo con mi dinero hago lo que me da la gana. Y si quiero invertir 10 o 10.000 euros en el proyecto de un emprendedor particular que no encuentra financiación (o que no quiere ir a un banco para que le cruja a intereses) debería estar en mi derecho el poder hacerlo.

Que les den. Pueden tratar de seguir poniéndoles puertas al monte, está claro que al final encontraremos la manera de seguir publicando nuestros propios proyectos. Si nos cortan el crowdfunding, recurriremos a otros métodos. Suscripción... pre-venta... ¿Qué se yo? Ya se nos ocurrirá algo.

Internet nos ofrece una serie de herramientas con las que hace unos años no podíamos ni soñar.
Eso sí, mientras tanto, estos cabrones pondrán en nuestro camino todas las piedras que sean capaces de reunir.

No les quepa la menor duda.

Sergio Bleda.

(*)Bien, es cierto que durante esos cuarenta días que dura el proceso de crowdfunding uno no sabe si conseguirá o no la financiación, y se arriesga a estar cuarenta días promocionando su obra en las redes sociales, como un buhonero del salvaje oeste en su carreta, para nada. Pero no es menos cierto que, en muchos casos, un editor puede tenerte varios meses en espera hasta responderte si le interesa o no el proyecto que le has presentado. ¡Y eso cuando responde! Les aseguro que hay muchos editores y galeristas, españoles sobre todo, que ni siquiera se dignan en dar una respuesta.

(**) Puede parecer una cantidad exorbitada, pero fué precisamente un millón de euros la meta que se impusieron en el crowdfunding realizado por el museo del Louvre de París para restaurar la Victoria de Samotracia

Links:
Petición en change.org contra la limitación del crowdfunding:
http://www.change.org/es/peticiones/concha-mart%C3%ADn-del-pozo-consejo-de-ministros-no-sig%C3%A1is-adelante-con-la-ley-para-la-limitaci%C3%B3n-del-crowdfunding?share_id=QEGElITHhg&utm_campaign=friend_inviter_chat&utm_medium=facebook&utm_source=share_petition&utm_term=permissions_dialog_true

Curiosa lista de libros autoeditados y rechazados

Artículo sobre Mark Twain y la autoedición de Huckelberry Finn

ACTUALIZACIÓN: Aquí tratan de aclarar las cosas, de ver a quiénes afectará la nueva ley y a quienes no.
Aunque yo, personalmente, no me fío un pelo. Hasta que la ley no esté redactada y aprobada es difíci saber en qué quedará todo esto: LINK

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Un 10, chaval. Besos a los niños y ponme a los pies de tu señora.

Un amigo, un fan, un siervo, un esclavo...

Antonio M

Anónimo dijo...

Un resumen magnífico. Los cerdos que disfrutan del poder siempre atentos a impedir cualquier deviación de su doctrina del Todo Para Mí. Seguiremos resistiendo, pues.
EL ABUELITO

Carlos Rioja dijo...

Magnífico artículo.

Sergio Bleda dijo...

Me alegra que os guste.
Un abrazo y gracias por comentar :)

Raul Sinovas. dijo...

Felicidades y gracias por la reflexion Sergio. Eres muy grande!!

mariano dijo...

Estoy de acuerdo al cien por cien.
Yo no creo que vías como el crowdfunding sean un peligro para la edición, sino una forma complementaria de hacer las cosas que tampoco va a hacer que la edición desaparezca...pero puede que sí que haga que sea más justa.
De aspirar a cobrar un máximo del 10% de dinero que genera tu trabajo a poderlo hacer con el 40 o 50 % (quitando gastos de imprenta, publicidad, distribución e IMPUESTOS -lo pongo en mayúsculas porque los crowdfunders sabemos que es el gasto mayor, y esto es lo primero que se debería regular y hacerlo justo y racional-) hay una distancia bastante grande.
Detrás también de los límites y obstáculos absurdos que se quieren poner al crowdfunding no está sólo la cultura ni tampoco el interés de los bancos... Hay partidos políticos emergentes (y plataformas ciudadanas) que se comienzan a financiar así, que no tienen acceso a sobres ni a los sobornos a plazo que son las financiaciones por debajo de la mesa de las que viven los grandes partidos. Y es un peligro para el poder que intentan cortar de raíz.